
Natural de Urrestilla y vecina de Nuarbe (Beizama), Joxepa fue obligada a abandonar su hogar junto a sus cuatro hijos al encontrarse su marido en el frente de guerra. Tras permanecer refugiados un mes en la localidad navarra de Betelu, regresaron a Beizama una vez les fue comunicado el indulto.
Cogieron a «Txaiber», lo llevaron al campo y lo fusilaron.
Al rector le pusimos el apodo de «oiloa» (gallina), ya fue muy cobarde con este tema.
Al médico donostiarra lo mataron en la pared del cementerio, y lo enterraron allí.
Paradójicamente ni la iglesia ni la basílica sufrieron daño alguno, pero murieron dos personas en ese acto de propaganda fascista.