eu | es
Un caso entre muchos
MORAL REQUETA, AVELINO
Documento relativo a Avelino Moral Requeta.
(AIRMN).

     Avelino nació en 1879 en San Asensio (La Rioja). Comerciante de profesión, en 1922 llegó a Azpeitia y abrió un bar llamado La Cepa. Durante el período republicano fue un destacado dirigente de izquierdas, miembro del Círculo Republicano y presidente de Izquierda Republicana en 1934.

      En septiembre de 1936, ante la inminente entrada de las tropas sublevadas, Avelino huyó a Bilbao, lugar desde el que dirigió una carta a Vicente Guibert en la que le reprochaba el haber permitido el saqueo de su casa y su negocio. Dicha carta, fue posteriormente utilizada en el procedimiento sumarísimo de urgencia instruido contra Avelino al (supuestamente) decir literalmente «sea como sea y donde sea nos hemos de ver».

      En junio de 1937 se trasladó al municipio cántabro de Astillero, localidad en la que consiguió un salvoconducto del jefe local de Falange, lo que le permitió marchar a su pueblo natal. El 2 de septiembre de 1937 la Guardia Civil de San Asensio lo detuvo con la intención de «averiguar la clase de persona del referido individuo en el orden político y social», ya que al parecer portaba dinero en metálico. En sus pesquisas, el comandante del puesto logró obtener el testimonio de tres vecinos de San Asensio que afirmaban que Avelino era de «ideas extremistas» y que en alguna de las ocasiones que Avelino visitó el pueblo gritó «viva Rusia». Asimismo, Falange y Guardia Civil de Azpeitia no tardaron en colaborar en las averiguaciones y el día 6 mandaron sus respectivos informes en los que se calificaban a Avelino de «elemento peligrosísimo» y «envenenador de la juventud», cuyo establecimiento era «el verdadero foco de ideas subversivas». Además de ello, se le acusaba de haber desarmado a personas de derechas, repartiéndolas a la «canalla marxista», y de pertenecer al Comité de Defensa.

      Por todo ello, en el mes de octubre fue trasladado a la prisión de Ondarreta, donde Avelino ratificó su declaración anterior ante la Guardia Civil de San Asensio. En ambas, por tanto, reconocía haber sido miembro del Círculo Republicano pero negaba ser fundador del mismo, así como de haber estado integrado en el Comité de Defensa. De igual forma, declaró que el dinero que portaba era fruto de su trabajo y que su carta a Vicente Guibert era simplemente una queja y no una amenaza. Sin embargo, desde entonces y hasta mediados de 1938, al juzgado militar de Donostia llegaron las declaraciones de varios testigos propuestos por el ayuntamiento de Azpeitia y Falange, las cuales incidían en su mayoría en las acusaciones anteriormente vertidas. En concreto, Pedro Segurola Querejeta (jefe de la policía municipal), Casto Orbegozo, y Galo Barrena, ahondaron en el argumento de que el bar La Cepa era un foco izquierdista utilizado en julio de 1936 para repartir las armas traídas de Eibar, y que, fuese o no uno de los que formó parte del Comité u organizó las milicias antifascistas, fue sin duda «uno de los principales responsables de todo lo ocurrido en Azpeitia durante la dominación roja». Por su parte, Vicente Guibert, presuntamente amenazado por Avelino en su misiva, declaró que el encausado le merecía «un buen concepto en el aspecto personal, no pudiendo decir nada ni en pro ni en contra del concepto político del mismo».

      El 29 de julio de 1938 Avelino volvió a declarar por tercera vez desde la prisión de Ondarreta. En esta ocasión añadió nuevos argumentos. Por un lado declaró «que si se metió en un partido republicano fue porque había sido boicoteado por los nacionalistas vascos, contra quienes no sentía simpatía alguna». Por otra parte, afirmaba que había intervenido para salvar la vida a Paulino Uzcudun, afirmación que según el encartado podrían corroborar Vicente Guibert y Pascasio Carasusan. Sin embargo, ninguno de los dos corroboró dicho testimonio. Finalmente, el 1 de diciembre de 1938 el consejo de guerra dio por válidos todos los argumentos utilizados contra Avelino, tan sólo señalando la ausencia de pruebas con respecto a su pertenencia al Comité de Defensa. Por ello, fue condenado a 30 años de reclusión mayor por un supuesto delito de «rebelión militar»(*).


[Azpeitiarras juzgados por tribunales militares franquistas — Leer más casos]
Un testimonio

Cogieron a «Txaiber», lo llevaron al campo y lo fusilaron.

Al rector le pusimos el apodo de «oiloa» (gallina), ya fue muy cobarde con este tema.

Al médico donostiarra lo mataron en la pared del cementerio, y lo enterraron allí.

Paradójicamente ni la iglesia ni la basílica sufrieron daño alguno, pero murieron dos personas en ese acto de propaganda fascista.

 

[Xabier Arregi Arozena — Leer el testimonio completo]
[Otros testimonios]