María recibió a modo de castigo la orden de abandonar el pueblo y dirigirse a Etxalar, por encontrarse su marido (Rufino Larrañaga Iriarte «Kinttela») en el frente de guerra combatiendo contra las tropas sublevadas. En vez de dirigirse a Etxalar, María se escondió junto a su hija pequeña Jone en la localidad de Orio, en casa de un hermano de Rufino. Mientras tanto, sus otros tres hijos tuvieron que ser acogidos en Azpeitia por otro familiar(*).
El hermano pequeño solía dormir con ella y una vez nos dijo: «Amatxo suele llorar cuando va a la cama».
Un día nos vino el alguacil, diciendo que si no regresaban los familiares que habían huido a Bilbao, nos tendríamos que marchar a Navarra.
Nos quedamos sin nada, nos lo quitaron todo.