Oriundo del caserío Garatxabal del barrio de Odria, Ignacio se enroló como voluntario en el batallón Loyola, actuando en varios frentes hasta su detención en el municipio cántabro de Limpias en agosto de 1937. En un primer momento fue encarcelado en Castro Urdiales, y posteriormente trasladado a Santoña. En octubre de 1937 fue juzgado por primera vez en consejo de guerra, el cual dictó el sobreseimiento de la causa y el envío de Ignacio al campo de concentración de Miranda de Ebro(*). Poco después fue destinado al batallón de trabajadores n° 64 de Estella, que en aquel momento se hallaba en Oteiza; si bien, a comienzos de 1938 recibió la orden de ir a Zestoa para integrarse en el tercio de San Ignacio. Enviado al frente de Teruel, el 2 de marzo de 1938 ocurrió un episodio por el que fue juzgado por segunda vez en consejo de guerra, esta vez junto a otros tres azpeitiarras también protagonistas: Lucas Manuel Orbegozo Orbegozo, Ignacio Zubimendi Olaizola y Tomás Odriozola Echeverria. Al parecer, en la madrugada de aquel 2 de marzo estos cuatro hombres más el hermano de Ignacio, José Ramón, (enjuiciado en un procedimiento aparte) y un sexto azpeitiarra no imputado (Antonio Orbegozo Arzuaga), encontrándose en la posición de Villa Felisa, se acercaron a un caserío con la intención de hacerse con unas gallinas. Antonio Orbegozo quedó de guardia a unos 20 metros del caserío, mientras que los demás fueron apresados al acercarse a dicha vivienda.
Por este hecho, se les acusó de haber desertado «pasándose al enemigo», cuya posición se encontraba a aproximadamente 1 km, y con los que, una vez atrapados, combatieron hasta el final de la guerra. Por ello, cuando a finales de mayo de 1939 regresaron a Azpeitia fueron apresados e interrogados por la Guardia Civil, al tiempo que Falange y alcaldía de Azpeitia emitían informes desfavorables contra Ignacio y el resto, acusándoles de «nacionalistas» y dando por probada la evasión, dado «su espíritu de traición y felonía a España». En el mes de octubre fueron traslados a la prisión de Ondarreta. Entre febrero y marzo de 1940, varios vecinos de Azpeitia que también se encontraba en el mismo tercio fueron interrogados en Donostia, declarando todos ellos que quizás los acusados eran de «ideas nacionalistas» pero que no habían observado en su actitud que les hiciera «sospechar de su desafección a la Causa Nacional». En cualquier caso, la declaración principal fue la de Antonio Orbegozo, el cual había quedado montando guardia. Según su relato, llevaba una hora y media en su posición cuando decidió regresar al no tener noticias de sus compañeros, sin que en el transcurso de ese tiempo viera o escuchara nada sospechoso. Por ello, pensó que habían desertado. El 5 de marzo de 1940 Ignacio volvió a prestar declaración asistido por un intérprete de castellano, al igual que otros declarantes azpeitiarras del mismo sumario. En dicha declaración relato nuevamente que habían sido interceptados por unos veinte milicianos que «poco antes de llegar al caserío, de una tejavana salieron los rojos que les desarmaron» y les hicieron prisioneros. El 9 de mayo Ignacio prestó su tercera y última declaración desde que en mayo de 1939 fuera detenido en Azpeitia, si bien, permaneció encarcelado un año más antes de que el consejo de guerra emitiera su veredicto. El 1 de mayo de 1941 el tribunal militar argumentaba que los cuatro eran de «ideología separatista» pero de «buena conducta», y daba por buena la versión de la captura. Por ello, Ignacio y el resto de los encausados fueron absueltos y puestos en libertad(*).
La acusaron también de haber robado huevos y gallinas a los caseros que venían a la calle a venderlas.
El único comentario que recuerdo es que dijo que en la cárcel pasaron mucha hambre.